No es una academia de baile. Es una forma de decir que lo vivido ya forma parte de nosotros… y que todavía queda vida por bailar.
Para personas a partir de 55 años que están cambiando de etapa y no quieren dejar de vivir, aprender, conversar, disfrutar y aportar.
El nombre nace de una expresión muy nuestra: «Que me quiten lo bailado».
Lo vivido, lo amado, lo aprendido y lo disfrutado ya forma parte de nosotros. Nadie nos lo quita.
Pero este proyecto no se queda mirando atrás.
La vida cambia de ritmo. Cambia el cuerpo, cambia el trabajo, cambia la familia, cambia la manera de estar en el mundo.
Pero un cambio no es un final.
Quizá la vida ya no tenga el mismo ritmo, pero todavía puede tener sentido, vínculos, aprendizaje, alegría serena y formas concretas de dar algo bueno.
Y todavía quedan bailes por bailar.